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Un sabado cualquiera

Me levanto un sabado cualquiera en esta extranya y enorme ciudad que me dio la bienvenida. No estoy en mi habitacion, no estoy en mi casa, no encuentro a mis padres cuando llego a casa, ni a mi hermana ocupando el ordenador, no tengo linea ilimitada con quien necesito hablar a diario, no puedo quedar un dia para cenar, otro para comer, otro para salir de fiesta con mis amigos, no puedo dar un abrazo porque si, ni tampoco pedirlo.

Me faltan tantas cosas, y, sin embargo es mi vida. Es lo que he elegido y lo que escojo seguir viviendo, a pesar de los nudos en la garganta, del viento helado que me aranya, de los horribles madrugones para ir a un horrible trabajo, a pesar de los pesares, elijo quedarme, porque esta ciudad tiene algo; todavia estoy intentado descubrir que es lo que me tiene atrapada, que es lo que me embelesa con tanta facilidad. De momento solo puedo decir que es Londres, el mundo comprimido en una sola ciudad.

1.3.08 21:08


Un gorro para su nueva vida

Paseaba por las nuevas calles sola. Se acababa de comprar uno de esos gorros que siempre le habian gustado, pero que jamas se habia atrevido a comprarse. Lo bueno de esa ciudad es que podia vestirse con lo que quisiera, podia peinarse a lo loco -o dejar de hacerlo-, podia incluso pintarse una aranya en la cara y nadie se iba a extranyar. En definitiva, estaba en una ciudad que le permitia ser ella misma, sin ningun tipo de tapujos.

Era increible pasear medio perdida por aquella gran ciudad sabiendo que nadie le miraba, pero a la vez devorando todo lo que se le cruzaba por delante, por los lados, todo lo que comian los demas transeuntes, todo lo que se olia desde las puertas de las tiendas... Era una ciudad que vivia a un ritmo trepidante, pero que de alguna manera le permitia seguir tan calmada como habia sido siempre, o incluso mas. Muchas sensaciones extranyas se cruzaban por su mente. Se habia propuesto empezar una nueva vida, y eso suponia un gran reto: seria capaz de aceptarse a si misma tal como era?

13.2.08 21:04


Abriendo las alas

Estoy de camino a una nueva vida; vida que he ido buscando desde hace unos meses. La intencion era marcharme de Barcelona con un billete de ida y una maleta en septiembre. El destino en principio era Edimburgo, o quizas Dublin, o quizas... En realidad, el destino estaba por decidir, pues tenia demasiadas ciudades en mente.

Por unos motivos u otros, mi partida se fue alargando, hasta el punto que en diciembre todavia andaba por casa. Fue entonces cuando compre el billete a Londres -la ciudad elegida- y cuando realmente empece a ver que mi propia vida se ponia en accion.

Estuve dos meses trabajando en dos hospitales. Eran muchas horas, pero necesitaba ahorrar para sobrevivir en estos primeros dias por estas gelidas y caras tierras. Lo cierto es que tampoco me disgustaba aquel ritmo de vida, no solo por el hecho de estar haciendolo por tener esta recompensa despues, sino porque en ese breve periodo de tiempo, me encontre con un par de equipos en mis lugares de trabajo que realmente valian la pena.

Los dias pasaron y se me iba acercando la fecha. Los ultimos dias los vivi un poco nerviosa, rozando el histerismo -siempre desde mi punto de vista, se que para algunos estaba un pelin nerviosa y basta-, viendo que no tenia tiempo para los preparativos. Me despedi debidamente de amigos y familiares, ambos grupos y cada uno por su parte, me preparon un par de sorpresas para dejarme bien claro que contara con ellos.

El ultimo dia, con la maleta cerrada, con mis padres, mi hermana y unos amigos en casa, estaba por fin tranquila. Sabia que hacia bien, que era mi oportunidad, que era mi momento para salir a volar.

Me fui un 3 de febrero, llorando entre abrazos y besos de despedida. En mi interior un cumulo de sensaciones se amontonaban, todas queriendo salir a la vez y queriendo gritar a cada uno de los que estaban en aquel aeropuerto que gracias por todo lo que habian hecho por mi en todo este tiempo y por todo lo que seguro que haran. Por supuesto que sabia que estaba haciendo lo correcto, pero eso no quita que tambien supiera que les iba a echar de menos, que de vez en cuando necesitaria un abrazo suyo y no lo tendria; asi que me propongo ir guardando todos esos momentos para recuperarlos una vez este con ellos de nuevo.

Estoy bien. He superado una semana de busquedas y mis ojos van guardando imagenes nuevas cada dia. La busqueda de trabajo promete ser ardua tambien, pero hare uso de mi paciencia y tranquilidad y sacare partido de ello. Hoy tengo ganas de un abrazo, asi que me guardo el momento en el bolsillo para recuperarlo tan pronto pueda y asi poderlo compartir.

13.2.08 20:04


Como si nada

A lo máximo que aspiro es a una conversación de ascensor. No creo que te resulte más difícil que a mí decir lo que sientes, lo que has sentido y, sin embargo, tan solo obtengo palabras vacías y alguna que otra frase aislada intentando excusar algo que no tiene excusa. El tiempo lo cura todo y lo pone todo en su lugar, ¿no?

6.12.07 23:04


De cero y otros principios

Empezar de nuevo...
... sin un beso.

Buscarse otra vez...
... sin saber dónde.

Caminar hacia delante...
... sin cogerse de la mano.

Caer y levantarse...
... sin la cama de algodón.

 

 

19.11.07 23:39


Isabel (1)

Son las nueve y pico e Isabel entra a su casa. Acaba de terminar su primera semana de trabajo desde que volviera de tierras extranjeras, de ese año sabático que acabó convirtiéndose en lustro. La gente con la que trabaja es agradable, no hay mal ambiente en la oficina y los fines de semana ve a su familia y a sus amigos, los mismos de siempre, aquellos que fueron a despedirse al aeropuerto cuando cogió aquel primer avión a Dublín. Todo está aparentemente en orden ahora que ha vuelto, pero por algún extraño motivo, nada acaba de ser de su gusto; ni la oficina, ni su nuevo piso, ni siquiera las fiestas de los sábados.

Cinco años atrás, cuando decidió por fin hacer la maleta con lo imprescindible y marchar a Dublín con las manos vacías, tenía la sensación de que tenía toda la vida por delante. La carrera recién acabada y unas ganas tremendas de comerse el mundo: eso era básicamente lo que llevaba a la pequeña capital en aquel primer viaje. La primera semana se le hizo dura. Vivía en un albergue provisionalmente hasta que encontrara un piso decente, agradable y económico. En esos nueve días que tardó en encontrar lo que buscaba, llegó a plantearse volver a casa, rendirse y, cabizbaja, dar por acabada su gran aventura. Por suerte, supo sacar fuerzas de donde pudo y encontró aquel maravilloso piso, donde un irlandés natural de la provincia de Munster y una escocesa le recibieron con los brazos abiertos, casi tanto como sus bocas, ya que el tiempo que sucedió a aquellos primeros días, Isabel se dedicaba a cocinar platos que ellos jamás habrían comido, al menos no si se los tenían que cocinar ellos mismos.

 Bel, como la llamaban ellos debido no sólo a su nombre, sino también a un pequeño cascabel que ella llevaba atado al tobillo, buscó trabajo durante un par de semanas y un día, mientras mandaba currículos por Internet, le llamaron por teléfono de una empresa que había visto su perfil colgado en una de esas páginas de las agencias en las que ella había intentado conseguir empleo. Lo cierto es que el hombre que le llamó decidió buscar en esa página un currículo que le convenciera antes de hacer las entrevistas y vio el suyo, con muy poca experiencia en el sector, pero algo brillante en la forma de exponer sus aptitudes. Concertaron una entrevista para el día siguiente. Ella se vistió de traje, como le habían aconsejado sus compañeros de piso, salió convencida de que el puesto iba a ser suyo y de que sonriendo, se los metería a todos en el bolsillo. Todo fue tal y como ella deseó. Tan pronto cruzó el umbral de la sala de entrevistas, con su falda negra, su amplia sonrisa y su firme forma de dar la mano, todos cayeron a sus pies. Era joven, inteligente y tenía muchas ganas de trabajar. Estuvieron haciéndole preguntas alrededor de una hora y media y al día siguiente ya le llamaron para confirmarle que el puesto era suyo. Dublín, definitivamente, iba a ser su ciudad.

18.10.07 23:42


Maybe there had never existed it

She thought he was the one.

She didn't know the kind of coward he was.

Getting away from her slowly, he could never face his feelings.

She would never know what he was thinking about.

She would never know if he had fallen in love.

Now and then, she suffers

Now and then, he says nothing at all.

17.9.07 09:37


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